martes, 19 de julio de 2011

Palos en las ruedas del "Progreso".

Cuentan que los esclavos escupían en la limonada que servían a sus amos. Cuentan que, deliberadamente, se comportaban como si fueran tontos, deteriorando el material, perdiendo la herramienta, dañando las propiedades, costando a los Señores, tiempo, esfuerzo y preocupaciones. 

Hace poco he pasado por una de las Asambleas Populares, en Madrid, en la Plaza de Santa Ana. Y he visto a la gente comentar sus problemas, en una charla informal. Como las que mis compañeros y yo hemos tenido muchas mañanas en torno a un café. Charlas de "arreglar el mundo", que terminan con el último sorbo y con la última caladita al cigarrín.

En aquel momento pensé que la clave de la lucha contra un sistema abusivo, necesariamente empieza con los pequeños gestos individuales de rebeldía. Empieza con el sabotaje, o con el deliberado cumplimiento de las normas y funciones al pie de la letra (nuestros amos piensan que, además de putas, tenemos que poner la cama), o con la subversión de los datos en los ordenadores, o con el escrupuloso cumplimiento del tiempo de la jornada laboral (¿qué mierda es eso de llevarse trabajo a casa?), o con un simple hacerse el longuis, poner cara de tonto y decir que no habías entendido...














Son gestos ínfimos, pero pienso que una hormiga solitaria, bien puede bloquear la entrada de un hormiguero... y a lo mejor, más tarde, muchas otras hormiguitas empiezan a hacer lo mismo. Y así, el señor director general y accionista mayoritario de la multinacional Hormiguero S.A.vuelve a descubrir una cosa que ya sabía: que la gente no son piezas de maquinaria.

Son gestos diminutos, pero igual sirven para detener este proceso de deterioro de la libertad; o para que, al menos, las cosas sigan como están y no vayan a peor. O para nada.

Para bien o para mal, el Sistema trabaja con nosotros. Y debería trabajar PARA nosotros, o desaparecer. Porque nosotros somos PERSONAS. 

lunes, 18 de julio de 2011

Summertime

...Cuando los ricos y poderosos arrojan sobre sus hombros unas monedas, las sobras de sus banquetes... Cuando gentilmente nos regalan nuestro propio tiempo, como si nunca nos hubiera pertenecido... Entonces se nos permite ser humanos...




Entonces toca abandonarse y vivir cada día como si no hubiera mañana, y apurar cada segundo (tasados, contados, necesariamente finitos)...

¿Y por qué no podemos hacerlo todo el santo año? ¿todos los años que nos sean concedidos?

viernes, 1 de julio de 2011

Nos robaron la Luna

Yo no me acuerdo, en realidad, pero tenía tres años el día que el Ser Humano puso su pie en la Luna por primera vez. Crecí deseando ser astronauta y convencido de que, cuando tuviera veinte años habría, si no ciudades, al menos alguna que otra aldea en su superficie y que, con cuarenta podría estar viviendo en Marte y viajando hacia Júpiter por lo menos.
Creo, como creía Carl Sagan, que ese era el destino que la historia de nuestra especie nos reservaba a los seres humanos: salir de nuestra esfera, mirar las estrellas y el enorme abismo del cielo y navegarlo, buscando mundos extraños y, quizá, compañía. Usar los cohetes para volar a los planetas y las armas atómicas para impulsar naves interestelares…

Luego descubrí que la carrera espacial no era más que un arma de propaganda política; que la duplicación desconfiada de ideas, diseños, gastos y esfuerzos fue un gigantesco e inmoral derroche; que los recursos presupuestarios empleados en dicha competición armamentística e ideológica podrían haber erradicado el hambre del mundo hace más de treinta años; que si se hubiera cooperado en lugar de competir habríamos llegado mucho más lejos y mucho más rápido de lo que nunca se hubiera podido imaginar en una aventura que la Humanidad descubrirá (espero que no demasiado tarde) absolutamente vital para nuestra supervivencia. Quizá mis hijos podrían haber nacido bajo el cielo de otros mundos.

Luego descubrí que la exploración espacial ya no interesaba. Los satélites estaban bien porque son un gran negocio y sirven para controlar el mundo, pero los vuelos tripulados… bueno, ya no eran un gasto prioritario…

Ahora me cuentan que, a lo mejor, dentro de veinte años, podríamos ir a Marte y volver a la Luna. Ya es tarde. Habrán pasado sesenta o setenta años desde aquel viaje increíble.

A mi generación nos han robado el cielo. Y lo que es peor, me temo que a las demás, también. 
Hay demasiado interés en tenernos a todos controladitos aquí abajo, pagando hipotecas y angustiados por el destino de nuestro equipo de fútbol favorito.