martes, 12 de junio de 2012

KOAN


Para nuestros queridos nuevos amiguitos y amiguitas de todo el mundo;  ante la avalancha de peticiones, solicitudes, instancias, requerimientos y demandas que ha debido llegar a alguna parte (aunque en nuestra redacción no tenemos constancia de que hecho tan asombroso haya sucedido) os volvemos a ofrecer en rigurosa exclusiva mundial, un breve fragmento de la recientemente aparecida -cuentan que una noche, un conductor la recogió en una curva misteriosa en una carretera perdida en la niebla, bajo el fúnebre resplandor de una luna redonda y gorda como un cráneo- biografía de nuestro desconocido y apátrida Chuan-Che . 

Dice la leyenda urdida por nuestro departamento de propaganda en torno a este autor; que era tan absolutamente desconocido que durante años, todas las mañanas, mantuvo intensas e interesantes conversaciones acerca de lo divino e infinito con un amable y silencioso vecino suyo antes de percatarse de que la ventana era un espejo. 




Disfrutad:


Chan-Tzé-Tzú (o Chuan-Che-Chú), el omnisciente filósofo y picapedrero chino estaba sentado un buen día en la cima de una montaña rodeado de todos sus discípulos cuando cayó, súbitamente, en un estado de sopor ajeno a las cosas de este mundo.

Solícitos y preocupados, sus acólitos le rodearon en expectante actitud. En completo silencio, aguardaron lo que, sin duda, habría de ser una espectacular revelación.

Sesenta y cuatro años más tarde, una tarde veraniega, el omnisapiente Tzuan-Tzé (o Chuan-Ché, pues los estudiosos seguían sin ponerse de acuerdo acerca de la exacta transcripción fonética de su nombre) despertó para encontrase rodeado por los expectantes cadáveres momificados de los que antaño fueran sus discípulos.

Sorprendido, asombrado, anonadado, quizá consternado (y con un leve catarro por culpa de permanecer sesenta y cuatro años a la intemperie), Chan-Ché miró en derredor y pronunció estas palabras, hoy inmortalizadas por la historia:

-¿Dónde estoy?

(En realidad sonó algo así como ¿Góndesdoi?. Cosas del catarro)

Palabras que, en el transcurso de los años han sido repetidas por todo tipo de ilustres y desconocidos personajes en una amplia gama de situaciones.

Sin esperar respuesta, pues era lo bastante sabio como para saber que los cadáveres resecos no son buenos conversadores, el ilustre filósofo se incorporó emprendiendo el descenso hacia el lejano valle, ansioso de difundir entre los hombres la Buena Nueva de la Revelación de la Luz que había alcanzado en su prolongado trance (hecho éste que demuestra que quizá, sólo quizá, no fuese tan sabio como habitualmente se cree).

Sus piernas que, milagrosamente, conservaban aún el vigor y la lozanía del ayer, le condujeron finalmente a una pequeña ciudad a la que sus habitantes denominaban con el enigmático nombre de Q&K sin que, hasta hoy, se sepa qué diablos significa el tal nombre.*

Los rústicos aborígenes de la ciudad recibieronle con la tradicional hostilidad y desconfianza con que recibían a cualquier extraño; y pronto se vió obsequiado con la habitual lluvia de piedras.**

Fue en aquel momento, agredido, insultado, vejado, humillado, vencido, cuando Chuan-Ché pronunció las palabras que inmortalizarían su nombre por los siglos de los siglos como el más grande de los sabios que hayan hollado la reseca superficie de este viejo mundo:

-¿Por qué yo?, ¿por qué a mí?

(¿Borguéyo? ¿Borguéabí?. Puto catarro)

Cuestiones imperecederas, plenas de vigencia en la actualidad, tan presentes que podrían haber sido formuladas hoy mismo, en este instante y no hace venticuatromildoscientosnoventaycinco años, época en la que se sitúan estos hechos.

Desgraciadamente en este punto se pierde todo documento histórico que nos pueda dar una pista de los acontecimientos que siguieron a continuación. 

Vagas conjeturas, confusos rumores, oscuras leyendas, olvidados cuentos, añejas canciones permiten suponer que Chuan-Tzé (para dar gusto a todos) dió media vuelta y emprendió la huida a toda la velocidad que le permitían sus milagrosamente conservadas piernas, entrando así, pies en polvorosa, directamente en el mito.






* Algunos estudiosos norteamericanos lo han relacionado con el póquer o algún otro juego de baraja francesa. (N. del A.)

** Tradicionalmente, el nativo de Q&K, solía dispensar este tipo de bienvenida o algún otro aún más sangriento (N. del A.)






(Adaptado de la revista "Again with the Blues". En algún momento de 1996)











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6 comentarios:

Lili dijo...

Vaya... Los orígenes del famosísimo Chuan-Che..., que yo lo conocía de toda la vida de dios.
Su reacción me tiene en un sinvivir: eso de salir corriendo y sus preguntas trascendentales no sé si son más de Bart Simpson o de un político cualquiera :P
Besos!!!!

Chuan-Che dijo...

Estimada Lilí:

Chuan-Che, de los Che de toda la vida de dios, los de la horchata, tuvo una existencia larga y azarosa...pero, citando al genio "esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión".
Esta fue una de sus primeras apariciones públicas y una de las pocas, pocas veces, que no añadió ninguna idiotez a sus frases...

Javier 16 dijo...

Desde luego, forzar excesivamente mediante reflexiones ilimitadas la mente, no trae buenas consecuencias. Lo peor de todo, es que te olvidas incluso de beber agua y, claro, te secas.

Saludos.

Chuan-Che dijo...

Estimado Javier: Entrenar la mente es como hacer abdominales: Todo el mundo sueña con un vientre liso para lucir en la piscina... pero ¿quién es el guapo que se los suda a la hora de la verdad?

Anastasio Prepuzio dijo...

No hay mejor manera de adiestrar la mente que recitar en voz alta poemas nordcoreanos.
Un abrazo amigo.

Chuan-Che dijo...

Estimado Amigo Prepuzio:

¡Cuánta razón tiene usted! ¡Sabias palabras las suyas!
¿Quién no recuerda la profunda, edificante, belleza de poemas como "Amamos a nuestro Líder", "Nuestro Líder es el mejor" o "Viva, viva nuestro Lider (que por cierto es el mejor)"?