miércoles, 25 de septiembre de 2013

Cosmogonía de andar por casa

Ayer por la tarde, un Dios (¿o era una Diosa?) terminó de crear el Universo.

Se pasó buena parte de la mañana empujando galaxias para que se alejaran unas de otras y grabando con mucho cuidado un resto de radiación de fondo en microondas para dar la impresión de una gran explosión inicial.

Calculó con una precisión inaudita la masa de las partículas fundamentales, para que al interactuar unas con otras no se produjesen colapsos anticipados y, además, le dio un valor exacto al boson de Higgs –bueno, de Higgs no, sino suyo- para que todo estuviese correcto y ajustado. 

Se pasó casi tres horas escribiendo las leyes fundamentales de la naturaleza -creo que le gusta especialmente la Gravedad- y colocando pistas, acá y allá, por si te apetece resolver el acertijo.


Y vio que era bueno y que, además, le había quedado que te cagas.

Luego dedicó un rato a colocar capas y capas de sedimentos, ubicando aquí y allá, caprichosamente, conchas, huesos, restos de piedra e indicios de antiguos meteoritos, sólo para hacer ver que todo lo que ves es viejo más allá de lo imaginable; que extraordinarios animales vivieron y murieron mucho antes de que tus ancestros levantaran la cabeza.

Casi al final te colocó en la cama, mientras dormías, y sobre tu mente recién estrenada, pintó todo un fresco de recuerdos, experiencias, griegos y romanos, cavernícolas, historia antigua y contemporánea, cosas que aprendiste en clase, gentes que has conocido, madre, padre, abuelos, parientes lejanos, amantes, compañeros de colegio y los rostros de un montón de extraños con los que te has cruzado hoy imaginando que los ves cada día. 

Ha puesto opiniones y gustos, decisiones y tareas que tenías que hacer sin falta esta mañana, incluyendo un poco de hambre y, para darle realismo, una ligera tortícolis y unas grandes ganas de ir al baño.
Luego nos ha colocado a los demás a tu alrededor, comparsas, extras en esa película que es tu vida. 

Hoy, pues, es el primer día de tu existencia.


Ahora se está riendo, se ha escondido detrás de las cosas. Es lo que los dioses llaman “un chiste”. 

Lo siento, has picado.
Ya ves tu la gracia...




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4 comentarios:

Anastasio Prepuzio dijo...

Esa deidad o eterno omnipotente me ha regalado una abundante diarrea el día que debo presentar los resultados trimestrales.
Si lo ve, mi querido amigo Chuan Che Tzú, ya sea en sueños o en la lacerante realidad, ampútele las glándulas testiculares de mi parte.
A ver quién se ríe el último,,,
Un abrazo camarada.

Chuan Che Tzú dijo...

Estimado Amigo Prepuzio:

Vaya una increíble casualidad. Yo también he tenido que agradecer un detalle idéntico, este, el primer día de mi existencia...


No se si es Dios o Diosa, así que lo de las testicularidades... Lo que sí le garantizo es que le aplicaré -si lo encuentro- una generosa dosis de polvos pica-pica en sus partes, al más puro estilo Hombres-G

maslama dijo...

¡buenísimo! y esa deidad con un sentido del humor tan macabro, ¿suele hacer ésto a menudo, o sólo lo intentó una vez a ver qué tal salía la cosa?

besos,

Chuan Che Tzú dijo...

Estimada Amiga Maslama:

Lo ha hecho HOY. Contigo.





;)