martes, 29 de octubre de 2013

Lecturas de principio de curso. O de cómo combatir el tedio.

Bueno, niños, niñas y demás seres humanos:

Veréis. 
Resulta que el apartado "Leído recientemente" de nuestro amigo el ewook tiene cuatro páginas y ocho títulos por página. Lo que quiere decir que, pasado cierto límite de libros, los primeros que leímos, desaparecen del apartado en cuestión...
Esta desafortunada circunstancia nos ha llevado otra vez a tener que jugar a crítico fácil y a colocar de nuevo en una entrada comentada, el contenido del ya mencionado apartado "Leídos Recientemente", como ya hemos hecho en alguna que otra ocasión (que podéis consultar, si estáis interesados, pulsando AQUÍAQUÍ, AQUÍ o AQUÍ)

De no hacerlo así se nos olvidarían los títulos. Lo cual sería una auténtica pena. 
Para alguien. 

En algún sitio.

Seguramente.

¿Y por qué lo hacemos? Pues porque nos gusta. Decididamente es porque nos gusta. Leer es un vicio y a veces sabe mejor si es compartido; si, de alguna forma, logramos inocular a algún inocente esta bendita enfermedad; si somos capaces de empujar a alguien a alguno de esos universos extraños que atrapan la mente y -no, no penséis que son inofensivos- la cambian para siempre.

Pues ánimo. Si os interesa, ahí va de nuevo nuestra lista.

Lecturas de inicio del curso, o de cómo combatir el tedio y huir de la creciente oscuridad.


Trilogía Vampiro: La mascarada de la Muerte Roja, de Robert Weinberg. 
Compuesta de los siguientes títulos:

Guerra de Sangre
Aliados impíos
Los liberados…

Ameno entretenimiento. Útil para pasar el rato sentado leyendo acción y peleas cuando no te apetece ver una película en la televisión. La trilogía tiene ya algunos años y muchos adeptos. 

El ciclo de Elric de Melniboné, de Michael Moorcock. 
Compuesto de los siguientes títulos:

Elric de Melniboné
La maldición de la Espada Negra
La fortaleza de la perla
Marinero de los mares del destino
El misterio del lobo blanco
La venganza de la rosa
La torre evanescente
Portadora de tormentas.

Nos ha pasado una cosa curiosa con esta amplia serie de novelas de Michael Moorcock: las hemos estado leyendo mientras nos metíamos en la cama con un poco de gripe, de forma que muchas veces nos hemos dormido, agotados, en mitad de un texto. 
El resultado ha sido un montón de extraños sueños en los que los relatos que estabamos leyendo se mezclaban con productos de nuestras propias fantasías oníricas. Resultan muy atractivas, algo alambicadas y arcaicas pero, de alguna forma inquietantes y evocadoras. Nos ha molado Elric de Melniboné.

Solaris de Stanislav Lem. 
Relectura de un viejo clásico. Impresionante. Profundo. Ya hemos comentado en alguna ocasión esa magistral forma de plasmar a la Humanidad como algo que, desde luego, no es el ombligo del Universo; de plasmar misterios que, probablemente, nuestra mente sea incapaz de comprender.Tiene dos pelis. No hemos visto la versión de George Clooney, pero os aseguramos que la primera, de Andrei Tarkovsky (1972), es una extraña poesía cinematográfica.

El invencible, de Stanislav Lem. 
Pues lo mismo. Mola mucho Stanislav Lem.Y repetimos: nos llega mucho ese pesimismo y esa visión del Universo en la que no somos, ni de lejos, el centro o lo más importante. Estamos seguros de que no se equivoca.

Diarios de las estrellas I, viajes y experiencias

Diarios de las estrellas II, viajes y memorias, de Stanislav Lem. 
Por otra parte admiramos profundamente esa especie de sentido del humor, cargado de sorna, de ironía, de burla inteligente hacia todo lo que nos parece tan, pero tan importante y sesudo en nuestras sociedades. Nos hace reír a carcajadas.



Trilogía Millenium de Stieg Larsson. 
Compuesta de los siguientes títulos:

Los hombres que no amaban a las mujeres
La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina
La reina en el palacio de las corrientes de aire.

Habíamos visto la peli, la sueca –no la versión americana posterior- y nos había molado. Habíamos descubierto otro de esos personajes de los que hacerse fan: Lisbeth Salander (a la que, seguramente, le importaría una mierda que fuesemos fanses suyos o no). 
De modo que nos pusimos a la tarea de merendarnos la trilogía. Y es fantástica. Inteligente, reflexiva, actual novela negra, muy bien contada y mejor adaptada al cine. Lo único que podemos decir es que qué lástima que la prematura muerte del autor nos haya privado de más. 
Porque se le quedan a uno ganas de más…

Diablo, legado de sangre, de Richard A. Knaak.
Producto de entretenimiento, bastante estereotipado, que se puede leer sin pretensiones y olvidarlo inmediatamente después. Hay poco tiempo y cosas bastante más interesantes.

El resurgir de la Atlántida, de Thomas Greanias. 
Best seller de estos que se deben producir en serie, con personajes tan estructurados, predeterminados y fijos como la Commedia dell’Arte: el bueno, pero rebelde, la bella e inteligente sabia, el malvado sin escrúpulos, con un Macguffin de fondo que, naturalmente, implica la salvación de la Humanidad. Parece ser una trilogía, pero no hemos podido pasar del primer volumen.  Ya lo hemos dicho antes: hay poco tiempo y cosas más interesantes…

La cúpula, de Stephen King. 
Ea. Adoramos a Stephen King. Maestro de maestros del “¿y si..?”. Incomprendido, se nos ocurre, como pocos. Porque lo magistral en él es la perspicacia con la que crea personajes verosímiles y con la que retrata a la sociedad que conoce. No es su mejor trabajo, no obstante. No nos ha hecho llorar.




Stardust, de Neil Gaiman. 
Ya hemos hablado aquí de Neil Gaiman. Encantador, inteligente, muy, muy divertido y original. Hay una peli, sobre este libro –que os recomendamos que veáis, con un Robert de Niro muy divertido y una deslumbrante Michelle Pfeiffer-. Pero el libro no tiene desperdicio.

Los Hijos de Anansi, de Neil Gaiman. 
¿Más? Lo dicho. Genial. Muy divertido. Muy inteligente. Muy recomendable. Nos guuuussta Neil Gaiman.

Humo y espejos, de Neil Gaiman.

 Una colección de cuentos cortos que os permitirán adentraros en el estilo –sí, lo se, ya lo hemos dicho varias veces- profundamente inteligente, original, chocante y divertido de este autor. ¿Hemos dicho ya que nos gusta Neil Gaiman?

La biblioteca de los muertos, de Glen Cooper y

El libro de las Almas, de Glen Cooper. 

Pues igual. Sendos productos entretenidos, el segundo de los cuales intenta aprovechar el tirón del éxito del primer volumen. Parte de una idea curiosa, pero ya lo hemos dicho antes al respecto de otro texto: es que a veces, este tipo de libros parecen hechos con un molde, caramba…

El hombre que fue jueves, de G. K. Chesterton. 
Aprovechamos para releer un viejo clásico. Chesterton es muy sencillo y ameno. Y esta obra en concreto es una gansada que es recomendable leer ya que, pensamos, no es tan inocente y tonta como puede parecer.



ImagenEl extraño, de Col Buchanan. 
Otra novela de fantasía juvenil-adulta que resulta entretenida. Que quizá algún día tenga su película, quién sabe. Pero no nos resulta especialmente destacable. Lo que si es seguro es que tiene continuación. Hay que aprovechar el tirón.

El wendigo, de Algernon Blackwood. 
Ya habíamos leído este viejo cuento en una antología de relatos de horror. Y nos gusta mucho. Muy evocadora. Te imaginas susurrando la historia en voz baja, una noche de viento y nieve, mientras fuera, en la oscuridad, hay cosas salvajes que se mueven y brillan un instante.

La Saga de Harry Dresden, de Jim Butcher.
Compuesta de los siguientes títulos:
Tormenta
Luna llena.

Pues más de lo mismo, aunque de una calidad algo superior a la media dado el humor con el que se defiende el personaje principal. Aventuras, magia y combates a muerte. No sabemos si hay un tercer volumen, pero está bien para pasar uno o dos ratos entretenidos…


Y con esto terminamos de momento. Hasta que el bendito apartado se vuelva a completar. O hasta que se nos inflen las narices. Lo único que resta por añadir es que algunos de los textos que os hemos comentado merecen la pena. Disfrutadlos.

Ciao.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Atrofia de la Percepción Extrasensorial

De lo profundo del bosque, vino corriendo un perro. 

El arquetipo del perro. El perro que hasta los dioses desean tener. Si un Rolls Royce fuera un perro, sería ese puñetero perro: un collie alto, recién lavado, planchado y cepillado, con un pelaje que daba la impresión de moverse a cámara lenta, oscilando como una estela brillante en la carrera del animal, perdurando unos segundos en la retina, como la cola de un cometa. 

Uno de esos perros que, cuando los luce una chica hermosa, hacen que los demás parezcamos el mozo que acarrea el estiércol.

Decir que venía ladrando sería insultar a ese Dios entre los perros. Su voz tenía una cualidad sonora, profunda y salvaje. Si el aullido del lobo fuese el Castellano, la voz del perro estaría tan lejos del mismo como lo está la voz de Constantino Romero leyendo a Quevedo de los alaridos de los hinchas de un equipo de fútbol.

Venía avisando. Advirtiendo. En un bajo profundo, resonante, que despertaba ecos en las montañas lejanas. Tenía un punto de sirena de barco.

El tipo levantó la cabeza, se echó la boina hacia atrás y se rascó el entrecejo sudoroso. Se apoyó un instante en la azada y dio una calada al cilindro incendiado que colgaba de su labio. Era el prototipo de esos sujetos que han vivido toda su vida en hermosa comunión con la Naturaleza y, contra todo pronóstico, se han mantenido impermeables a cualquier belleza y conocimiento, con la sana excepción de algunos refranes estúpidos y unas cuantas creencias del todo equivocadas. 

Si las personas fueran paisajes, esta tribu sería una cueva. Un agujero desnudo y arenoso sin nada donde sentarse o que comer. Los reconoceréis fácilmente por su mirada, aunque se hayan criado en Wall Street –que los hay-.

-¿Y ahora qué hostias le pasa a este chuuucho? –dijo.

El perruno dios se detuvo a dos metros del individuo. La elegancia de su pose habría hecho enmudecer de verde envidia a Nureyev. Fotógrafos caninos habrían dado un ojo por inmortalizarla –y venderla a todos los fabricantes de alimentos para perros-. 

Con la airosa cabeza erguida, la punta oscura del hocico realizando un completo escáner de aromas corporales, el perro miró con sus ojos de color miel a los ojos marrones sucios del sujeto. En cualquier otro planeta, hubieran saltado chispas de comunicación telepática.

-¡¡Fuera d’ai t’uuuuso!! –fue la respuesta.

El collie emitió un leve ladrido. Sin perder de vista los ojos del de la boina, hizo un gesto de apremio con la cabeza, señalando a algún punto indefinido allá entre los árboles. Luego giró sobre sí mismo con impaciencia, volvió a ladrar e hizo una muestra perfecta señalando hacia el bosque.

¡Jodío t’úuuuso!!¡¡que te largues he dicho!! –el aborigen, dando muestras de una profunda sensibilidad, hizo ademán de agacharse a coger un terrón.

Impasible, el perro repitió la secuencia de gestos. En un millón de películas hace ya diez minutos que alguien habría interpretado correctamente: “sígueme pronto, el pequeño Jimmy se ha caído a un pozo y necesita ayuda”. O, como mínimo un "creo que quiere que le sigamos"...

-¡¡Caaagüentó el perroloscojones!! –añadió el poeta a las perlas emitidas hasta entonces, mientras lanzaba hacia el animal un gasón de arcilla de casi kilo y medio de peso, que éste esquivó sin apenas moverse.

El collie permaneció unos instantes quieto. Miró al hombre. Luego al bosque. Luego al hombre. De nuevo al bosque. Emitió un suave gemido de queja. Giró sobre sí mismo con urgencia. Apuntó con su hocico al bosque. Luego se acercó al individuo. Con mucha suavidad, agarró su manga y empezó a estirar.

Hacia el bosque.

-¡¡Lapúuuta el t’úuusssso!!¡¡Pues no va y me muerde!! –El sujeto apartó la mano espantado, enarbolando la azada como si fuese un arma de guerra. -¡¡¡L’arreo con l’azá, cagüendioss!!

A estas alturas, un nutrido grupo de pájaros, ardillas, ratones de campo, y conejitos se había congregado en torno al labriego y al perro. Contemplaban la escena con mucho interés en sus ojitos en technicolor, dando pequeños saltitos entre las matas de trébol y diciéndose cosas entre ellos en sus pequeños idiomas animales.

Un grupo de petirrojos llegó volando desde alguna parte. Entre los doce sostenían en el aire una pequeña pizarra blanca.

Tres diminutos conejos acudieron corriendo desde una granja cercana. Cada uno de ellos llevaba en la boca un rotulador para pizarra. 

Uno verde, uno rojo y uno azul. 

El collie cogió los rotuladores y con gesto impaciente comenzó a trazar un diagrama: un monigote con boina, un perro, una sinuosa línea que conducía a un círculo en medio del cual aparecía un monigote más pequeño.

-¡¡Aibalaostia!! –dijo el sujeto. Los animalitos emitieron un suspiro de alivio. -¡¡Un perro con un rotulador en la boca!!

Un grupo de grajillas sujetó a una de ellas que se abalanzaba sobre el humano con la clara intención de darle una colleja. El resto de los animalitos cerró los ojos mirando al cielo con desesperación. Un topo llegó a exclamar en voz alta: -¡¡pero será gilipollas el tío…!! -antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo y callarse avergonzado.

El collie, desesperado, escupió el rotulador y con una melodiosa voz de bajo dijo:

-¡¡A la mierda!! ¡¡Escúchame bien imbécil:!! ¡¡El pequeño Jimmy se ha caído a un pozo y necesita ayuda!!¡¡Presenta desgarro en ligamentos de la rodilla derecha y síntomas de hipotermia!!¡¡Le he puesto un vendaje de compresión y he estabilizado sus constantes, pero hay que sacarlo cuanto antes del pozo y trasladarlo a un hospital!!


El hombre se sacó el cigarro de la boca y lo miró pasmado.

-¡¡Esta mierda es la hostia!! –dijo admirado.












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