miércoles, 15 de enero de 2014

Lecturas de invierno. Las letras cabalgan de nuevo.

Hola a todos, niños, niñas, y demás criaturas silvestres, polvo de estrellas, átomos reciclados en el molino del Cosmos...

Una vez más se ha vuelto a llenar el apartado “Leído recientemente” del ewok… de forma que, si no queremos perder cuenta de aquellas cosas electrónicas que hemos ido leyendo en los últimos días, nos vemos en la obligación de dejar un pequeño repaso en este blog.

Por lo que ya hemos dicho anteriormente: porque mola leer. 
Mola mucho. 
Y más en un tiempo en el que las alternativas son francamente tristes.

No es posible poner la televisión sin tropezar con la enésima repetición (sin orden ni concierto, sin respeto alguno a la inteligencia del espectador) de una serie que, quizá en su momento fue original o divertida, pero en la actualidad ya resulta nauseabunda. 
O con una pausa comercial de volvemos en siete minutos (¡¡¡siete minutos, cielo santo!!! Como ahora todas las cadenas son, en el fondo, la misma; ni siquiera se puede huir cambiando de canal). 
O con un noticiario que cuenta cosas que están tan lejos de la realidad como las proclamas del Ministerio de la Verdad del Gran Hermano (y no, no hablo de ese ¿reality?). 
O con un programa tan vacío de contenido o estúpido que resulta fascinante plantearse la idea de que alguien ha gastado un montón de dinero en diseñarlo, grabarlo, distribuirlo y emitirlo…¿con qué fin?

Sólo quedan los documentales de la dos, sin publicidad (demos gracias por los pequeños favores)…pero también se repiten tanto que el cerebro grita desesperado pidiendo alguna novedad.


No es posible navegar por las redes sociales sin descubrir a los cinco minutos que son un hervidero de rumores sin fundamento, opiniones desinformadas disparadas sin digerir, gilipolleces soberanas, proverbios de Pero Grullo e imágenes idiotas. 
Navegar entre tanta escoria y tratar de buscar un poco de verdad o sensatez es posible…pero a estas alturas resulta agotador. Una vez más me llega al móvil el mismo chiste que recibí en cadena por correo electrónico en 1997. ¿Es que hemos perdido la memoria?

No es posible ir al cine sin ver un remake de una peli buena de verdad hecha hace algunos años. La industria apuesta por lo seguro. Hay un derroche de medios, de efectos y trucos (flipamos con las pelis en 3D y con los efectos digitales) pero se echa de menos un contenido, una historia. Algo que aterrorice, emocione, o produzca en el espectador una sensación distinta del aburrimiento extremo. Algo hay, pero la búsqueda de diamantes en el barro cansa. Mucho

No es posible poner la radio sin escuchar el resultado de un proceso de elaboración industrial perfectamente enlatado al que llaman “música” (en un insulto incalificable, indecente, a todos los músicos de verdad que en el mundo han sido). Sin escuchar las opiniones sobre lo divino y lo infinito de sujetos que no tienen absolutamente nada que decirnos, colocados en pedestales por una presunta (y, por cierto, desconocida) “audiencia”. Sin interrupciones a volumen doble alabando las ventajas del sabor a fresa en un nuevo rectoscopio.
Salvo Radio Clásica y Radio3, por supuesto…

Por eso, al finalizar el día, cuando hemos entregado al Dios del Mercado ese tiempo que jamás se nos devolverá, ese pedazo de alma que vendimos a cambio de un plato de lentejas y esa energía que teníamos en abundancia a los seis años, que ardía como una hoguera y que hoy es poco más que la llama piloto de un calentador… cerramos las puertas, bajamos las luces...

...y cogemos un libro.

Y éstos son los que hemos cogido desde la última vez que hicimos una entrada parecida (que, si tenéis curiosidad, podéis ver AQUÍ). 

No hay sinopsis. 

El que quiera que le pisemos el argumento que nos lo diga o que se lo curre leyendo el libro. 
Sí. Ya sabemos que habiendo tanto donde elegir es útil echar un vistazo a esa parte de la contraportada donde nos cuentan de qué va la cosa. 
Nosotros nunca la leemos. 

Nos dejamos enganchar por el título (o no) en un juicio rápido y luego nos arriesgamos a ver qué coño encontramos dentro. Os aconsejamos que lo hagáis. Sed valientes:

Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury
Ya lo hemos dicho en alguna ocasión…no es ciencia ficción, sino poesía. Destila nostalgia, belleza y ecos de la luz dorada de un atardecer de verano. Destila infancia. Imprescindible en un mundo cuerdo.










El sonido de un trueno, de Ray Bradbury
Es un relato no muy largo que, por cierto tiene peli. Pero no puedo añadir nada a lo que he dicho sobre Ray. Sólo que el mundo se quedó un poco más idiota tras su muerte.









El gremio de los magos de Trudi Canavan. 
Se trata del primer libro de una trilogía muy adictiva, las Crónicas del Mago Negro, bien contada y con imaginación. Mola bastante y es difícil escapar de la necesidad de seguir leyendo una vez que empiezas.

La aprendiza, de Trudi Canavan
Segundo libro. Bien. Te mantiene enganchado. La trama se complica. Queremos más. ¿Por qué los hacen trilogías y no los editan todos en un solo volumen? Odiamos la idea de quedarnos colgados a mitad de la historia…

El Gran Lord, de Trudi Canavan. 
Tercer libro. Lo dicho. Mola.

Burlando a la Parca, de Josh Bazell
Un hallazgo. Uno de esos descubrimientos que te alegran el día. Fascinante mezcla de humor oscuro y novela negra. Super adictiva. Sorprendente. Bestia.










Fahrenheit 451, de Ray Bradbury
El libro por excelencia de los amantes de los libros. Nada que añadir, salvo lo profético, profético, profético que resulta. ¿Hemos dicho ya que es profético?



Bajo la hiedra, de Elpeth Cooper. 
Mágica historia, honestamente contada y, en algunos momentos, cuajada de una cierta belleza y poesía. Lo que pasa es que suena un poquito a ya visto...un poquitín. Lo que no implica que no pueda disfrutarse.



Alucinogenia, de Dean R. Koontz. 
Teníamos, ciertamente, ganas de leer algo de este autor. Por muchas razones nunca lo habíamos hecho y eso que se le supone un gran nombre en el campo de la novela de terror y/o suspense. Pero no nos ha llegado. Nos ha resultado demasiado estereotipado, de molde, construido ex profeso para ser vendido. Y no da miedo. Ea.

Darkfall, de Dean R. Koontz
Pues lo mismo. ¿Por qué, con el poco tiempo que tenemos, decidimos darle otra oportunidad al bueno de Dean…? Hay que reconocerle que se lee rápido. Pero no hubo sorpresas. Penica.





El viajero, de Mandelrot
No es que en sí sea original, original, pero en las historias del viajero hay un descendiente directo de Conan, Elric de Melniboné y otros grandes héroes de la novela de aventuras. Épica y un punto de ciencia ficción en un solo envase. Y muertos. Muchos muertos.





Cordero, de Christopher Moore
Gran, genial, enorme descubrimiento. Hacía muchos años (salvo  con Neil Gaiman y Terry Pratchett) que no nos reíamos tan a gusto con alguien. Original, divertidísimo, inteligente, tierno  “Evangelio según el mejor amigo de la infancia de Jesucristo”.



La sanguijuela de mi niña, de Christopher Moore
Otra gran, divertida, inteligente  y adictiva novela del mismo autor. ¿Hay más? ¡¡¡Queremos más!!




La mujer que caía, de Pat Murphy
Interesante fantasía, reflexión sobre la magia y el tiempo, que puede hacerse un poco densa de leer en algunos momentos pero que puede calaros si, como nosotros, a veces, contemplando un paisaje o un monumento, casi podéis ver a aquellos que lo habitaron antes. 
A veces. 
Casi…



Un puente hacia Terabithia, de Katherine Paterson
Cuento largo o novela corta (táchese lo que no proceda) de una extraña y profunda ternura. Triste. Muy triste pero muy bien escrito. Hay peli que, como de costumbre, no termina de captar la emoción del relato original. Curiosamente leemos en internet que se trata de uno de los libros más cuestionados por los censores en Estados Unidos. Si lo leéis y entendéis porqué, no os quepa duda en que estaremos de acuerdo en que los censores son una raza de menguados. 
Menguados voluntarios, que es peor.


13 balas, de David Wellington
Original y cinematográfico enfoque del tema de los vampiros. Es vagamente adictivo, como un comic gore, aunque puede llegar a cansar un poco.

99 ataudes, de David Wellington. 
Ya hemos dicho que es vagamente adictivo. Algo oscuro en nuestra mente nos ha impulsado a seguir leyendo sobre tanto cadáver, disparo y desmembramiento. ¿Por qué será?

Vampiro Zero, de David Wellington
Último libro de la, llamémosla, trilogía. Y sí, efectivamente, hay muchos más cadáveres, disparos, muerte y destrucción, duelos y venganzas. Ea.



Yo, robot, de Isaac Asimov
Colección de relatos internacionalmente famosa, con peli (que no tiene nada que ver con ninguno de los relatos) y que, de vez en cuando, nos apetece releer. Asimov es muy entretenido aunque, con el tiempo, nos ha ido gustando muchísimo más su faceta de divulgador.










Anochecer, de Isaac Asimov y Robert Silverberg
Gran novela clásica que no habíamos leído. Mola, aunque nuestros estándares actuales sean otros.


La senda de la profecía, de David Eddings
Primer volumen de una serie de cinco libros llamada Las Crónicas de Belgarath que cumple lo que promete: aventuras, imaginación, combates y magia. Resulta original el planteamiento de los personajes y, en ocasiones, demasiado numerosos. Pero engancha. Seguro que merece una serie de televisión o un par de películas. ¡¡Ah, no!! ¡¡Que hemos dicho que los productores van a lo seguro!!

La Reina de la Hechicería, de David Eddings. 
Segundo volumen. Hay que seguir leyendo, porque si no uno se queda a medias.

La luz del Orbe, de David Eddings
Tercer volumen. La aventura continua. Y queremos más.

El Castillo de la Magia, de David Eddings, 
Cuarto volumen. Si sois lectores voraces e impenitentes no estaréis cansados y querréis saber qué pasa al final.

La Ciudad de las tinieblas, de David Eddings. 
Quinto volumen, en el que aquesta famosa y terrible historia llega a su conclusión. 
¿No podían meter estas cosas en un solo libro?. ¡¡Ah, no!! ¡¡Que así se aseguran de venderlo mejor!! Pero nos da mucha rabia la idea de leer en fascículos y de comenzar historias que aún no están terminadas. Menos mal que, en este caso, nos habíamos hecho con los cinco libros.

La mano izquierda de Dios, de Paul Hoffman. 
Lo sabíamos. Acabamos de decirlo. Es una trilogía y de momento no tenemos más que el primer volumen. 
Cagüentó.
Ameno y original. Adictivo e interesante. Intrigante historia que, de momento, no sabemos cómo continúa. ¿Lo veis?¿veis lo que pasa?.


El libro sin nombre, de Anónimo. 
Se trata del primer volumen de lo que creemos que es una tetralogía. Su autor “Anónimo” nos proporciona una larga sesión de gore, disparos gratuitos, asesinatos, personajes dispares, pintorescos y marginales, vampiros, hombres lobos, asesinos, cervezas y bourbon. Es tan exagerado que se hace divertido, al estilo de alguna de las pelis de Tarantino o Robert Rodríguez. Como hemos dicho antes, resulta preocupante que semejante sesión de vísceras, sangre, miembros descuartizados y trozos de carne nos resulte entretenida. Y eso que nuestro psiquiatra dice que nos ve mucho mejor.




El ojo de la luna, de Anónimo
Segundo volumen. Nuestro psiquiatra le ha echado un vistazo y, sí, amigos y vecinos, se preocupa de que este…¿cómo llamarlo? “relato”… nos mantenga entretenidos.

Y de momento, niños, niñas, amigos y vecinos, no hay más.

Habrá más en un futuro cercano y, nuevamente, aunque os importe un ardite, un bledo o una ful de Estambul…, os dedicaremos una lista de títulos con una breve opinión. 
Porque nos gusta leer. Y es divertido dejar pistas sobre nuestro paso por tanto territorio desconocido.

Hasta pronto.


6 comentarios:

maslama dijo...

Amigo Chuan, la lista es abrumadora, creo que voy a empezar por Un puente hacia Terabithia, me llamó la atención sin ningún motivo especial, que es quizá como debe o sabe llamarnos un libro :))

de Christopher Moore (que me encanta), me atrevo a recomendarte El ángel más tonto del mundo, si no lo has leído ya

besos,

Chuan Che Tzú dijo...

Amiga Maslama: Buena elección. Justo por eso, sin ningún motivo especial, como debe ser. Espero que no haya visto la película. Y una vez que lo lea (es más bien breve), espero que no vea la película jamás.
Y gracias por la recomendación. Estoy a la caza de más libros de Moore. Como dije antes, para mí ha sido un descubrimiento de los que andaba necesitado.
Muchos besos. ;)

Rafa dijo...

Bajo la hiedra me lo lei hace un año o así... y estoy esperando la segunda parte ¿sabes si ya está? :) los demas tienen buena pinta... pero creo que ya te dije... tengo la habitación plagada y plagada de cosas que leer...
un abrazo.

Chuan Che Tzú dijo...

Amigo Rafa: Por lo que he podido leer, ya está en castellano la segunda parte de "Bajo la hiedra". Por lo visto será una trilogía. Por lo que veo, nuestras habitaciones deben tener un aspecto similar: llenas de libracos, unos leídos, otros por leer, otros esperando una relectura. Reconozco que el ewok me ha permitido aligerar mucho, pero mucho, el espacio (así es más fácil limpiar el polvo). Pero no hay nada como un libro de verdad, con olor a libro nuevo.
Me he hecho el firme propósito de no envejecer ni morirme hasta leerme todos los libros del mundo. Y no me gusta romper las promesas que me hago a mí mismo. ;) Un abrazo y ánimo: hay que terminar de leer todas esas cosas pendientes...

Anastasio Prepuzio dijo...

Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, sin duda.
La lectura es un crimen severamente castigado por las leyes.
Espero que nuestros políticos no se inspiren en esta obra,,,,
Un abrazo, mi buen amigo.

Chuan Che Tzú dijo...

Estimado Amigo Prepuzio: El libro, en esta relectura, me parece más que profético. Estamos, de hecho, a un paso de su definitivo olvido. Y el mundo aplaudirá entusiasmado. Luego, no tendrán más que perseguir a los que los conserven y los lean.
Y, para qué negarlo, como no empiece a practicar deporte pronto, cuando me persigan no tardarán más de diez segundos en darme alcance...

Un abrazo