sábado, 12 de diciembre de 2015

El regreso del Cuento de Navidad. 2015



(Luces de Navidad. 2015. Ilustración del autor)
Hola de nuevo a todos, a todas y a los que queden por ahí dispersos sin ganas de decantarse por etiquetas:
 

Una vez más, amiguitos, amiguitas y amistades en general, criaturillas pensantes (y por ello peligrosas), damos comienzo a nuestra propia y personal campaña de navidad.
 
Nos llena de orgullo y satisfacción poder ofreceros, un año más, nuestro ya tradicional cuento navideño (ya ni sé los años que hace, lo cual, a la par que alarmante, me parece entrañable).
  
Normalmente suelo explicar el tema para los nuevos, pero este año seré breve:
 
Es un cuento.
De Navidad.
Lo escribo yo porque me da la gana y quiero que sonrías.
Para ti.
Disfrútalo.
 
¿Está claro?
 
 
Podéis acceder al cuento si pulsáis AQUÍ
 
Y, si os quedan ganas de volver a leer los cuentos de años anteriores, podéis probar a curiosear por AQUÍ
 
Poneos cómodos, arrimaos a algo (mejor alguien) calentito y pasadlo bien.
 
Aquí tenéis un adelanto....

ERIZO (viejo y tradicional cuento de Navidad)

Por Juan Jesús Amo Ochoa.

Para Aurora.

 Lo primero es aclarar las cosas: Somos amigos desde hace mucho tiempo que quede claro. Es un tío de lo más estupendo que te puedas encontrar. Más que un amigo, un hermano. Pero, en ocasiones, Papá Conejo es muy, pero que muy bobo. Más que bobo: un gilipollas del quince en una escala de diez.

Una vez más, todo comenzó en el An Chruit Corcaigh.[1] Como sé que a estas alturas muchos de vosotros y vosotras sabéis de qué hablo, lo dejaré estar. Los interesados, curiosones, golismeros y bacines, pueden imitar a Jacob Marley, y ponerse a leer las historias de las navidades pasadas.

No recuerdo la fecha. Diciembre probablemente, que es cuando más apetece estar encerrado en un lugar cálido y agradable, con tu pinta de Guinness y ningún asunto molesto en el horizonte de las próximas, pongamos, dos horas.  Uno de esos días sosos y helados de Albacete cuando las seis de la tarde parecen las tres de la madrugada y las lucecitas, las estrellas y las melodías corales que adornan las calles sólo hacen que te des cuenta de lo vacía que está tu cartera.

Habíamos colocado delante de nosotros las pintas que Aengus[2], en su infinita clemencia, había tenido a bien otorgarnos y suspirábamos en silencio con los bigotes cubiertos de espuma. Incluso Mildred, la señorita Muerte[3] (en su versión con carne) miraba en torno suyo con un cierto aire abatido. En los últimos meses, había cogido la costumbre de sentarse un día sí y otro también con nosotros a conversar un rato, trasegando una pinta tras otra hasta que empezaba a tambalearse un poco y a arrastrar las palabras un pelín. Es una chiquilla bastante divertida, pero confieso que, aunque está bien buena y mola que su muslo te roce, resulta un poco inquietante estar sentado a su lado viéndola echar miraditas de reojo a ese Smartphone suyo que tiene el tamaño de un puto ataúd. Especialmente cuando has podido observar que, a veces, tras sonar un zumbidito la pobre coge su guadaña y se levanta diciendo “disculpadme un momento, chicos” como quien tiene que ir al baño, para regresar al cabo de unos minutos; y quizá, sólo quizá, al volver se le ha olvidado ponerse otra vez la cara.

-Oye, Mildred, por favor, ¿podrías…?-.

-Oy, sí. Perdonad –responde. Y los puñeteros huesos fosforitos se cubren con una cara que a mí me recuerda bastante a la de Marilyn Monroe, por lo dulce, tierna e indefensa que llega a parecer.

Esas tardes que pasa con nosotros no suelo poner después el telediario.

He decidido que que pa qué.                                                   

Bueno. El caso es que allí estábamos sin ganas de hacer nada especial fuera de sorber nuestro néctar como abejas atareadas. A estas alturas, Papá Conejo, inquieto, empieza a remover su culito blanco en el asiento y al rato, nos ponemos a tocar o a hacer cualquier otra cosa, hablar, calcular trayectorias balísticas o conjugar verbos frasales. Pero aquel día todo dormitaba como un perro satisfecho. Uno que sea muy grande, peludo y que esté muy, muy contento con la nariz en el culo, enroscado en un rincón cómodo. En alguna parte Curtis Fuller hacía sonar su Five Spots After Dark, cortesía del exquisito gusto musical de Aengus. Si existe el Cielo, no creo que sea muy distinto de eso.

Pero al igual que las moscas, los petardos existen para recordarnos que esto no es el Cielo, que somos mortales y que la perfección es la punta de una aguja fina donde es muy difícil que nada permanezca en equilibrio mucho tiempo. Y el petardo entró por la puerta rompiendo a la vez el silencio, la tranquilidad y el momento.

-¡¡Eeeeh, tíos, mirad lo que he conseguido!! –bramó.

-Vete a la mierda –dijo Gruñón. (Se me ocurre que cada panda de amigos del mundo es una versión de los siete enanitos: hay un Gruñón, un Listo, un Simplón –si preguntáis os dirán que ese soy yo-, un Salido y un Petardo. Y permitimos vivir al petardo porque en el fondo nos encantan las gilipolleces que hace, aunque eso en ocasiones signifique tener que evitar que el gruñón de otro grupo le reviente las narices a guantazos por inoportuno)

-No, en serio, mirad esto –insistió Petardín, al tiempo que dejaba sobre la mesa un objeto extraño, algo así como un cubo de Rubik sólo que de bronce y con unos complicados jeroglíficos grabados alrededor.

-¿Y qué coño es eso? –preguntó Simplón (perdón, pregunté).

-Diez pavos -para Petardín, el precio de las cosas es muy importante, especialmente si cree que valen mucho y ha pagado poco. –Se lo he comprado a un viejo esta mañana en el Rastro -.

Un inciso: eso significa que era domingo, ya que los domingos, en la difunta Plaza Mayor de Albacete, se ubican las mesas y tenderetes de un montón de seres de aspecto humanoide que ofrecen a la venta…cosas. Pueden ser planchas, monedas, cascos del ejército ruso, postales antiguas, trozos de teléfonos o piezas de maquinaria sin identificar. Pueden ser discos de las Grecas, libros releídos, cornetas de banda abolladas o sellos. Las ponen ahí, domingo tras domingo, insensibles al desaliento, llueva, truene o haga sol. Nunca he visto a nadie comprarles nada, así que no soy capaz de imaginar de qué cuernos viven…pero me hacen preguntarme qué tipo de seres son en realidad. ¿De dónde saca uno, cual Obelix, torres de cascos del ejército ruso para ponerlos sobre una mesa plegable los domingos? ¿Qué ha pasado con el resto de todos esos soldados? ¿A qué oscura morada regresan esos seres cuando recogen sus mantas y sus extraños tesoros?...

Ahora venía Petardín a destruirme el mito de que nadie compraba nada y a recordarnos a todos, amiguitos y amiguitas lectores, que la historia que cuento sucedió un domingo de diciembre, dos días antes de Navidades…

-Ya, pero ¿qué es? –insistió Simplón, que puede ser muy pesado (Bueno. Vale. Puedo).

-El viejo me ha dicho que es un pisapapeles art-decó –recitó Petardín –una autentica obra de arte de principios del siglo pasado-.

-Ya. Por diez pavos… –contestó el Listo.

-A mí me parece una… Caja de Lemarchand –apuntó Mildred, la Señorita Muerte.

Y sí, …lo dijo en ese mismo tono que se emplea para decir “no visitéis la Mansión de la colina”, “no vayáis por el camino del Pantano” o “jamás, jamás les deis de comer después de la medianoche”.

–Y antes de que breguntes –dijo mirándome a los ojos y arrastrando un poco las palabras –diré que, en sus persiones…ooops…versiones más benignas, una caja de Lemarchand es un disbositivo que puede abrir pordales hacia universos alternativos-.

-¿Y en sus versiones menos benignas? –fui a preguntar yo, claro; pero en ese momento Papá Conejo se abalanzó sobre la caja diciendo las palabras que, desde que el mundo es mundo han justificado todas las conquistas, todas las colonizaciones, todas las guerras, toda la explotación y el mismísimo concepto de propiedad privada:

-¡¡¡PRÍMER!!!¡¡¡MELOPIIIDO!!! –

Afanoso cogió la caja, apretó por aquí, giró por allá y de pronto algo hizo ba-dum-pchisss y fue como si le empujaran hacia lo lejos, muy lejos, muy lejos, pero sin moverse del sitio.

Papá Conejo había desaparecido.

Lo dicho: lo quiero mucho, pero es gilipollas.




[1] “El ancla de Corck”. Pese a los rumores, este pub sí que existe. Tengo fotos. Y el hecho de que exista simultáneamente en dos lugares distintos situados a más de mil kilómetros de distancia no debería suponer un inconveniente para que lo creáis. Si queréis conocer más sobre el mismo, tendréis que leer los anteriores cuentos de navidad. Lo siento (N. del A.)
 
[2] Aengus es el camarero. Nadie sabe desde cuándo. Para más información, os recomiendo la biografía apócrifa “Aengus, el hombre tras las cejas” que alguien escribió en los lavabos del An Chruit y que, que yo sepa, aún no ha sido borrada de la pared. (N. del A.)
 
[3] Mildred, la señorita Muerte, es una muy buena amiga de Papá Conejo. Todos nosotros, si esperamos lo suficiente, tendremos información sobrada sobre ella.

Si queréis seguir leyendo más...tendréis que pulsar AQUÍ


Y, mientras tanto, con mis mejores deseos:

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

sábado, 29 de agosto de 2015

Pidiéndolo a gritos...

Hola a todos, niños, niñas y gente libre.
 
Según leo en Facebook y otras redes sociales, esto es lo que estamos pidiendo a gritos los ciudadanos
(y, no os preocupéis, nos lo van a dar doblado. Y bien pronto):
 
Resultado de imagen de redes sociales-A la mierda la presunción de inocencia. Difundamos alegremente el nombre y la imagen de gente a la que se acusa de cosas y que no ha sido juzgada. Instauremos la delación y la calumnia como reglas del juego.
 
 
-Queremos, exigimos a gritos, darle al gobierno más autoridad, más poder para castigar, más capacidad de prohibir. Pedimos endurecimiento de las leyes y más, muchas más sanciones, como medio de resolver los problemas que ocasiona el incivismo, la incultura y la falta de educación elemental. Y lo queremos ya mismo.
 
 
-No necesitamos para nada el derecho a la intimidad. Divulguemos rostros, nombres y datos de menores. De hecho divulguemos el rostro de cualquiera, no hace falta su permiso.
 
 
-No necesitamos información veraz ni contrastada. Como sólo hay que hacer "click", vamos a divulgar entre nuestros amigos y conocidos (y los conocidos de sus conocidos) cualquier rumor, cualquier gilipollez, cualquier tuit, cualquier titular, cualquier pollada, la diga quien la diga. Total, si no fuera verdad ¿la habrían puesto en la Red?
 
 
-Tampoco nos hace falta información sobre la ideología, los planes concretos o las propuestas de nadie. Es mucho más fácil insultar y usar el argumento "ad personam", que analizar si lo que alguien dice podría funcionar o no. Así podemos seguir cómodamente instalados en nuestros prejuicios.
 
 
-Y además queremos muchos, muchísimos videos virales de gatitos haciendo cosas graciosas y monas.
Chistes. También queremos chistes. Gente cayéndose de culo, a poder ser.
 
Y frases de perogrullo atribuídas a cualquiera, que podamos usar como inspiración para arreglar los problemas del mundo. Y compartirlas, que así se arreglan antes.
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Al igual que la televisión, las redes son una herramienta educativa poderosa si se usan de modo responsable.
¿Qué tal si empezamos HOY?
 
Nos están convenciendo de que lo que queremos es mierda.
 
Y, personalmente, yo no.
 
Me gustaría creer que vosotros tampoco.
Así que ¿qué tal si empezamos ya a usar la Red para aprender y educarnos?

martes, 11 de agosto de 2015

Lecturas para el verano 2015. Diario de Crisófilax B., explorador de libros. El retorno tras el regreso a la vuelta.

Amigos y vecinos, niños, niñas y personas que prefieren otras definiciones, ocasionales lectores de este blog:
 
Es cierto e inexcusable: ha pasado un montón de tiempo desde la última vez que pudimos haceros llegar noticias de nuestras exploraciones.
No hay excusas.
Ni los tifones, ni los asaltos de tribus hostiles, ni la creciente presión fiscal, ni la estafa mundial, ni el robo de libertades y derechos, ni la enfermedad deberían haber sido un obstáculo para haceros llegar nuestras noticias.
Es cierto que han pasado muchas cosas (y lo que te rondaré,  morena); terribles unas, gozosas otras. Es cierto que hemos vadeado una época de profundos cambios personales y de acontecimientos sorprendentes. Pero hemos seguido leyendo, caminando por senderos extraños, inusitados y apenas hollados (todo esto sin GPS).
Hemos incumplido nuestra autoimpuesta obligación.
 
De modo que, solicitando vuestra clemencia, hemos puesto en la pata de una paloma este legajo y la hemos lanzado hacia el cielo, con la esperanza de que os llegue pronto.
El pobre animal ha caído en picado siete pisos, ha aterrizado en el suelo con un sonido en todo igual al despanzorrarse de un melón pasado y nos ha mirado con profundo reproche.
Luego, paloma al fin y al cabo, ha comenzado a alejarse caminando tristemente, rumbo a vosotros, inexorable. Más os vale que tengáis el coche en un garaje.
 
Si todo sale bien, estaréis leyendo esta lista:
 
Cuernos, por Joe Hill.
Ha sido un descubrimiento este autor, muy entretenido y ameno, muy adictivo. Después nos hemos enterado de que, parece ser, que se trata del hijo de Stephen King. De casta le viene al galgo.

Mola. El libro, al parecer, tiene una película también.
Disfrutable.

Ángeles de acero, por Nicholas Prata

 Novela histórica que relata de forma pormenorizada (un poco pesada incluso) el sitio de Malta por los turcos y la defensa que los caballeros cristianos hicieron de la isla. Uno de esos episodios absurdos que personalmente, nos cuesta comprender.
La guerra, por muy heroica que se presente, no deja de ser una salvajada sin sentido. Para interesados en la estrategia, las armas y la historia bélica…

Fantasmas, por Joe Hill.
Ya hemos comentado antes a este autor. Y sí, el tipo tiene oficio y se deja leer con mucho interés. Adeptos irredentos de los cuentos de miedo, aquí tenemos otro amigo.
 
 
 
 
 
 
 
Hiroshima, por John Hersey.
Estremecedor reportaje, en su momento ganador de varios premios y posteriormente convertido  en un libro.
Ahora que se cumple el 70 aniversario de aquel crimen, horroriza el paseo por la destrucción, la muerte y –también hay que decirlo- el coraje y la voluntad de supervivencia de las personas. Personalmente, nos gustaría muy mucho ver juzgados y encarcelados por crímenes contra la Humanidad a los autores de esta atrocidad.
Sigamos soñando.
Ángeles en la nieve, por James Thompson
Estupenda novela negra. Entretenida, bien construida, que muestra una imagen desoladora pero interesantísima de la vida en Finlandia. Muy recomendable.
 
 
 
El séptimo secreto, por Irving Wallace.
Novela pasable de historia ficción. Entretenida, un punto intrigante. Vale. Se pasa bien el rato.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Primera agencia de mujeres detectives, por Alexander Mc Call Smith.
Divertida, tierna, inusual, entrañable novela. Muy original (y no queremos chafaros nada) y absolutamente adictiva, la protagonista de esta serie de novelas es uno de los personajes más curiosos y adorables que hemos tenido ocasión de conocer. Sorprende, nos sorprende, que el autor sea un hombre.
Si lo leéis, sabréis porqué.
Primera Agencia de mujeres detectives 2 Código de conducta para chicas guapas. Por Alexander Mc Call Smith.
Lo dicho. Hace que uno quiera más. Y más.
Primera Agencia de mujeres detectives 3, Escuela de mecanografía para hombres. Por Alexander Mc Call Smith.
Será cuestión de conseguir pronto otra remesa. De veras que sí.
 

Testamento Mortal, por Donna Leon
Le echamos un ojo a esta serie de novelas, también por culpa de una serie de televisión. 
El comisario Brunetti es un personaje interesante, policía en Venecia.
Aunque la novela es muy entretenida (y la serie también), en nuestra nada humilde opinión, se nota que la serie es alemana y la autora norteamericana.
No consigue resistir la comparación inevitable con el italianísimo amigo Montalbano.
 Ea.
 Lo que no quita que sea una novela recomendable. Para pasar un buen rato en la playa uno de estos días...




Harry Potter y la  Piedra Filosofal, por J.K. Rowling.
Comenzamos –como teníamos  prometido- nuestra nueva visita al universo de J.K. Rowling y su Harry Potter.
Tenemos amigos aficionados a la lectura que, por asombroso que parezca, aún no se han internado en las páginas de esta aventura.
Supongo que por aquel prejuicio intelectualoide que mucha gente tiene contra todo lo que se convierte en un fenómeno comercial y una máquina de hacer pasta.
A nuestro entender, Harry Potter es directamente responsable del desarrollo del gusto por la lectura en millones de jóvenes y eso ya vale algo.
Y, además, eso es por algo.
Si sólo habéis visto las pelis, no sabéis ni la mitad de la historia. Hay  que leerlas.
No sólo recomendable, sino casi obligatorio.
No os dejéis guiar por delirios culturetas y lanzaos a disfrutar de la aventura en estado puro.
El propio Stephen King hace esta apreciación: historia en estado puro.
 
Seguimos con los restantes títulos de la serie:
Harry Potter y la cámara secreta
Harry Potter y el Prisionero de Azkabán
Harry Potter y el Cáliz de Fuego
Harry Potter y la Orden del Fénix
Harry Potter y el Misterio del Príncipe
Harry Potter y las reliquias de la muerte
gozando cada uno de ellos como la primera vez. Y es que la señora Rowling sabe hacerlo.
Sí señor.
 
James Potter y la encrucijada de los mayores, por George Norman.
Un poco por casualidad encontramos a este autor y a dos obras que se han desarrollado y han tenido un enorme éxito en el universo de Harry Potter (no es el único.)
Logradas y entretenidas, el autor promete que tal vez, si acaso, ya si eso, habrá más.
Mola. Por lo visto hay montones de escritores que están ubicando historias y aventuras en el mundo de Harry Potter. Y éste señor es uno de los que más éxito están teniendo.
James Potter y la maldición del guardián, por George Norman.
Lo dicho. Bastante interesante.








 
Abrazame, oscuridad por Denis Lehane.
También hemos comentado antes a este autor, camino de maestro, muy entretenido y absorbente en su lectura. Nos ha molado y así os lo decimos. Echadle un ojo. No os decepcionará, incluso aunque no seáis aficionados al género negro.
 
Las Aventuras de la “Mano Negra”, por Hans Jürgen Press.
Novelita-cuento ilustrada para chiquillos. Divertida de leer y estupenda para iniciar en la lectura, la lógica y la inteligencia a vuestros hijos, sobrinos o enanos en general.
Ofrece una pequeña, pero real posibilidad de alejarlos de la pantalla de la mierda de la Tablet o de la Televisión.
Ahora o nunca.



 





Cualquier otro día, por Denis Lehane.
Mola. En serio. Mola Denis Lehane. Y esta novela es una pasada. Una obra maestra absolutamente imprescindible. No decimos más. Quien tenga oídos para oír que oiga. En serio.






El miedo de Montalbano, por Andrea Camilleri.
¡¡Ay!!¡¡que se nos acaban!!


Agnes Cecillia, por Maria Gripe.
Curiosa historia de fantasmas, íntima y quizá tierna, que se deja leer con suavidad, enredándonos. Recomendable. Mucho. Aunque quizá requiera que uno sea un lector avanzado



El barón rampante, por Italo Calvino
Disfrazadas de historias tontas, irónicas, maravillosamente contadas, con un dominio claro del lenguaje –respetado en las excelentes traducciones- merece la pena darse una vueltecilla por estos clásicos del señor Calvino. Obras imprescindibles, inteligentes que ya son referentes de la literatura..
El caballero Inexistente, por Italo Calvino

No hay que perdérsela.
El vizconde demediado, por Italo Calvino.
Y ésta tampoco.

 
Alta tensión, por Harlan Coben.
Creo que ya hemos comentado anteriormente algún texto de este autor. Muy bueno. Adictivo. Merece la pena visitarle y pasear por sus páginas.
El tío escribe bien y son unas lecturas estupendas para el verano. Mejor que la mierda de la televisión. Ánimo, no os cortéis.






 
Un giro decisivo, por Andrea Camilleri.
Acabando nuestro stock de novelas de Montalbano, cagüentó. Y disfrutando de cada una de ellas. De verdad.  



 
 
 

Apocalipsis Z, por Manel Loureiro
Publicada originalmente en un blog, el éxito de esta novela ha sorprendido en España y fuera de ella, vendiéndose como rosquillas.

A nosotros nos ha gustado mucho esta detallada, amena, adictiva historia. Pero claro, es que nos pirran las historias de zombies. ;)
Los días oscuros, por Manel Loureiro.
Nada, nos lanzamos de cabeza a una orgía de destrucción, desmembramientos y cerebros. Y lo pasamos como enanos.
La ira de los justos, por Manel Loureiro.
Y un poco más. No podíamos dejar la historia hasta el final.
El crepúsculo de los dioses, por Richard Garnett.
Cuentos cortos, muy originales, ácidos e inteligentes, con un trasfondo crítico. Una acertada reflexión sobre las religiones y los dioses. Escrito hace unos cien años, y no hemos avanzado nada. Humanos...
Así nos va



Ciudad de Hueso, por Cassandra Clare.

Novelita-tipo de las nuevas generaciones de vampiros, primera de la serie "Cazadores de Sombras". Es entretenida, pero no nos cuaja y, de momento, no vamos a iniciar la larguísima serie de títulos que la componen. Nuestro rollo de vampiros es más gore y no nos llegan estos tan de moda últimamente.
Kafka en la orilla, por Haruki Murakami.
No nos vamos a cansar de decirlo. La Academia Sueca le debe un Nobel al señor Murakami. El señor Murakami tiene un truco, algo que no podemos definir ni explicar y que se llama “escribir que te cagas”.
Y un olé para los traductores, de nuevo.
El traje del muerto, por Joe Hill. Otra historia atractiva del ya comentado Joe. Muy buena  para pasar un ratito muy entretenido. Nos gustan las historias de miedo. ¿Y a vosotros?

 
 
El traje gris, por Andrea Camilleri.  Este relato no es una novela de Montalbano. Pero nos muestra a Camilleri como lo que es: un consumado escritor, suelto, hábil y muy disfrutable. Nada más que decir...
 
 
 
 
 
La Rueda del Tiempo (serie) , por Robert Jordan.
Comenzamos, con mucho interés, la lectura de esta enorme serie de novelas –que el autor inició, pero que no pudo terminar-.
A setecientas páginas en promedio cada volumen, hemos descubierto una serie original, muy adictiva, muy densa y difícil de leer (recomendable para lectores avanzados), con una historia muy interesante y un enfoque del tema “Espada y brujería” bastante atípico.
Conforme hemos ido avanzando en la lectura no hemos podido evitar pensar en las enormes influencias que sobre esta serie parece tener el universo Dune de Frank Herbert.
Pero no podemos dejar de leer… No sabemos qué será de nosotros cuando nos encontremos al borde de esta historia inconclusa… Aunque hemos leído alguna cosa de Brian Sanderson, su continuador, que nos hace creer que no desmerecerá. 
A ver…
De momento, llevamos atravesados los siguientes títulos:


El ojo del Mundo
El despertar de los héroes
El dragón renacido
El aumento de la sombra
El cielo en llamas
El señor del caos
La corona de espadas…


Y con esto, amigos y vecinos, cerramos nuestro mensaje. Seguimos explorando. Estamos bien. Los hados nos son propicios y salvo Hacienda, la corrupción, el desenmascararse del capitalismo más salvaje que estamos viviendo, la pérdida de nuestros derechos y de nuestro valor como individuos y seres humanos; no hay apenas nada sobre lo que preocuparse.
Creemos, firmemente, que buena parte de la salvación está en apagar la caja gilipollas, usar el teléfono para hablar con quienes queremos (y decírselo todas las veces que podamos), disfrutar hoy (no un hipotético mañana) y, desde luego, dedicarnos a explorar libros. Maravillosos libros. Infinitos libros.
 
Un abrazo desde el fin del mundo.