viernes, 18 de febrero de 2011

Y sesenta y cinco.

Necesito respirar. Si no respiro, me moriré en pocos minutos. Por suerte, encontrar aire es bastante sencillo mientras me mantenga entre el nivel del mar y los cuatro o cinco mil metros de altura. No es broma. 

Necesito beber agua. Si no bebo agua, moriré en pocos días. Dos o tres, según la temperatura que haga. Encontrar agua pura es un poco más complicado...Todo un sistema de conducción hidráulica trae agua limpia y abundante hasta mi casa, pero eso es un lujo que tengo que pagar. O puedo pagar el agua embotellada, a razón de algo más de un euro la garrafa de cinco litros. Si bebo dos litros de agua diarios, vienen a ser unos 15 euros mensuales. Si no lo pago, tendría que optar por las fuentes públicas más cercanas, o los ríos, y traer diariamente sobre la cabeza, en una garrafa o un cubo, el agua imprescindible para mi supervivencia.

Necesito dormir. Si no duermo, moriré en pocos días. Tal vez cuatro o cinco. Dormir es sencillo: todo lo que se necesita es un rincón tranquilo, cómodo y abrigado. 

Necesito comer. Si no como, moriré en pocos días. Tal vez quince o veinte (sí, lo reconozco, me sobran un par de kilos). Encontrar alimento es complicado. Tengo que comprarlo en una tienda, aunque se supone que podría cultivarlo, o criarlo (no tengo acceso a tierras de cultivo) o cazarlo o recogerlo de la naturaleza (si bien mi ignorancia en materia de especies comestibles es palpable, supongo que podría aprender). El caso es que también pago para satisfacer esta necesidad. Y pago por darme el lujo de que la comida venga muerta, limpia, cultivada por otros e incluso lista para calentar y servir. 

Necesito un refugio. Si no tuviera un refugio, probablemente no podría sobrevivir al invierno o a las heladas o al calor excesivo del verano o al sol. No podría descansar, reponerme o dormir. Supongo que uno podría apañarse con los puentes, los cajeros, unas cajas de cartón o un local abandonado en cualquier parte. Cuatro paredes y un techo que formaran una madriguera, una guarida. Hay albergues y gente hospitalaria. Pero yo pago, otra vez, por el lujo de un cubil para mí solo y para mi familia, con un lugar donde dormir, aislado, silencioso, oscuro y cálido en la medida de lo posible.

Para pagar esas necesidades básicas, esos pequeños lujos mínimos, necesito dinero. Si no lo tuviera, en pocos días me quedaría sin lujos mínimos y en unos pocos más, tendría graves dificultades para vivir. A mucha gente le pasa eso y muchos mueren. 
De modo que, durante muchos años me preparé, me formé y me puse a trabajar. Tuve una suerte loca: imagínate, nacer en un lugar en el que uno podía estudiar, en el seno de una familia que valoraba la formación, en un país en el que había posibilidades de trabajar...

A partir de aquí la cosa empieza a embrollarse: si no tuviera algunas de esas pequeñas comodidades, por ejemplo un grifo en mi casa del que sale agua; no podría vivir donde vivo o tendría que dedicar mucho tiempo al día a conseguir agua y no podría trabajar. De modo que el dinero compra tiempo, tiempo que dedico a trabajar para conseguir dinero. No es tan malo como puede parecer ya que también sobra algo de tiempo que puedo dedicar a mí y a los míos. 

Porque una vez cubiertas esas necesidades ¿qué más "necesito"? ¿qué más me hace falta, de verdad?

La necesito a ella. Sin ella, todo el tiempo del mundo es un vacío estéril. Sin ella, igual no me muero...pero tampoco me siento vivo.


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