viernes, 1 de julio de 2011

Nos robaron la Luna

Yo no me acuerdo, en realidad, pero tenía tres años el día que el Ser Humano puso su pie en la Luna por primera vez. Crecí deseando ser astronauta y convencido de que, cuando tuviera veinte años habría, si no ciudades, al menos alguna que otra aldea en su superficie y que, con cuarenta podría estar viviendo en Marte y viajando hacia Júpiter por lo menos.
Creo, como creía Carl Sagan, que ese era el destino que la historia de nuestra especie nos reservaba a los seres humanos: salir de nuestra esfera, mirar las estrellas y el enorme abismo del cielo y navegarlo, buscando mundos extraños y, quizá, compañía. Usar los cohetes para volar a los planetas y las armas atómicas para impulsar naves interestelares…

Luego descubrí que la carrera espacial no era más que un arma de propaganda política; que la duplicación desconfiada de ideas, diseños, gastos y esfuerzos fue un gigantesco e inmoral derroche; que los recursos presupuestarios empleados en dicha competición armamentística e ideológica podrían haber erradicado el hambre del mundo hace más de treinta años; que si se hubiera cooperado en lugar de competir habríamos llegado mucho más lejos y mucho más rápido de lo que nunca se hubiera podido imaginar en una aventura que la Humanidad descubrirá (espero que no demasiado tarde) absolutamente vital para nuestra supervivencia. Quizá mis hijos podrían haber nacido bajo el cielo de otros mundos.

Luego descubrí que la exploración espacial ya no interesaba. Los satélites estaban bien porque son un gran negocio y sirven para controlar el mundo, pero los vuelos tripulados… bueno, ya no eran un gasto prioritario…

Ahora me cuentan que, a lo mejor, dentro de veinte años, podríamos ir a Marte y volver a la Luna. Ya es tarde. Habrán pasado sesenta o setenta años desde aquel viaje increíble.

A mi generación nos han robado el cielo. Y lo que es peor, me temo que a las demás, también. 
Hay demasiado interés en tenernos a todos controladitos aquí abajo, pagando hipotecas y angustiados por el destino de nuestro equipo de fútbol favorito.

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