lunes, 7 de noviembre de 2011

Carta abierta a los no poderosos

Con vuestro permiso, ninios y ninias, nos atrevemos a dirigirnos a vosotros simplemente para daros un pequeño toque de atención: todos estamos aquí.

Estudiamos, aprendemos, disfrutamos, no nos estamos quietos. Pararse es morir un poco. A veces, la ausencia de meta, de objetivo, de finalidad última hace que miremos en torno con desánimo, como diciendo ¿para qué?
"No hay geometría ni teología", que decía Ignatius J. Reilly. Y el mundo es presentado como un lugar sin soluciones, acabado, cercano al apocalipsis y en el que la belleza o vale dinero o no es belleza.







Luego, cuando paseas por la calle y te agreden sin piedad con las motos sin silenciador; o entras en el súper y te atacan sin respeto con un regatón eterno convertido en tapiz de fondo; enciendes cualquiera de las decenas de canales de televisión para darte cuenta de que nadie está diciendo nada en absoluto o te das cuenta de que alguien se ha gastado miles de euros en un sistema de sonido a prueba de lluvia solo para que no se oiga el silencio; entonces sabes para qué lo haces.                                      Como Asterix y Obelix, se trata de resistir, ahora y siempre, al invasor. Y el invasor (¿tengo que explicarlo?) son los anuncios de crema, las sonrisas de lata, las tetas inexistentes, los machos comprensivos, guapos y depilados, los niños malcriados e insoportables que comen a la carta en su propia casa, los padres que los llaman "Rodrigo", o "Gorka" o "Leyre" o "Muskilda" o "Pere" o "Alvaro" o "Nerea" o "Jaume" o (¿de verdad tengo que seguir?), los adolescentes que conducen audis atres, las niñas del siglo XXI que aún me dicen (lo creáis o no) que sus novios son buenos porque las dejan salir solas, la gente que ha perdido su infancia y no se dará cuenta hasta que sea demasiado tarde, la hipocresía de unos gobiernos empeñados en crear policía, ejército y "seguridad" en vez de acabar -que no es un sueño- con la pobreza y la tristeza. El invasor es un sistema que está específicamente diseñado para impedirte pensar, para cortar, una a una, todas tus alas y tus ansias de libertad; que ha desplegado un complejo montaje de trampas pensadas para esclavizarte. 



No pienso seguir. Ya lo entendéis.




(Adaptado de la revista  "Again with the Blues",  año 2005)

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