viernes, 27 de enero de 2012

Perversa vitalidad

...Hoy quiero, necesito, preciso dar a conocer, advertir  al mundo acerca de cierto singular acontecimiento que sucedió el otro día, concretamente el pasado jueves:

Iba, como siempre, cargado con mis bártulos de acá para allá (con ese afán transportatorio con el que acarreamos nuestras pertenencias personales de un lugar a otro lugar más incómodo aún). Recuerdo que, en aquel momento preciso, llevaba entre los brazos un pesado baúl. Sus asas, diseñadas especialmente para rasguñar la piel y cortar la circulación sanguínea de los dedos que osaran u osasen agarrarlas, me habían animado a sostenerlo por cualquier otro sitio, de modo que la zona lumbar de mi espalda servía ahora de plataforma para transportar el temible objeto. 
El desconocido artífice que lo fabricó (cuyos inocentes padres habían sido groseramente invocados en exactamente doscientas doce ocasiones hasta el momento) había redondeado su maquiavélica máquina con una serie de aristas y picos punzantes, inapreciables a simple vista, pero, al parecer, pensados para activarse tan pronto como uno no miraba, y destinados a aguijonear la carne inocente de mis lomos. 

Decidido a no hacer mal papel delante del nutrido grupo de  sobrecogedoramente rubias, esculturales y macizas (por usar una expresión elegante) estudiantes de un colegio femenino de Smörgasmörg (o algo así de obsceno se llamaba su lugar de  denominación de origen) que mariposeaban entre los vetustos edificios de los siglos XVI, XVII y XVIII que nos rodeaban, haciendo ¡oh! y ¡ah!, mientras sus profesoras se dedicaban a mirar la arquitectura; concentré mi dolorida mente en medir la distancia recorrida: un metro, dos metros, tres metros....Y entonces sucedió:

¡Había recorrido cuarenta y siete pasos! (con una equivalencia al cambio de ½ metro por paso)
Sin embargo, unos momentos antes, cuando no llevaba el agónico artefacto incrustado en mi solomillo, ¡¡¡la calle medía tan sólo treinta y ocho pasos!!!...
Disimuladamente, tras cargar el muerto en un camión, hice de nuevo el recorrido, contando cuidadosa y discretamente mis zancadas....¡No cabía duda! ¡La calle era ahora nueve pasos más corta!

Tenía en mis manos (bueno, en mis pies) la evidencia de la “perversa vitalidad de los objetos inanimados” (que decía el britano Arcturus C. Clarkus). 

Con la única finalidad de hacerme la vida algo más difícil, la calle se alargaba cuando yo iba cargado, sudoroso y dolorido, para hacerse más corta cuando no lo estaba.

Pero mis cuidadosos gestos me debieron traicionar. La calle, dándose cuenta de que yo sospechaba, se inmovilizó en una distancia de cuarenta y dos zancadas. La recorrí veintitrés veces, contando cuidadosamente los pasos (a estas alturas, las encantadoras ninfas de Smörgasmón, o como se llame, hacían corro a mi alrededor llenando el aire con sus carcajadas cristalinas, señalándome con sus delicados dedos y haciendo girar el dedo índice contra sus sienes en un gesto (sueco, supongo) de arcano significado). 

Fue inútil. No pude volver a sorprenderla. Ahora, mientras escribo estas líneas, el bolígrafo me mira con expresión ladina (cómo lo consigue cuando, de hecho, ni siquiera tiene cara es todo un misterio). El teclado ha intentado pellizcarme un dedo varias veces; el ordenador se ha bloqueado, haciéndome repetir el trabajo en seis ocasiones; he tenido que reinicializar güindous catorce veces; la calefacción ha tenido un escape que ha inutilizado buena parte de la moqueta y mi carísimo equipo de música ha decidido no reconocer trece de mis mejores cedeses de Mike Oldfield.

 Ellos saben que yo se que ellos saben que les he descubierto...e intentarán silenciarme para siempre....





(Adaptado de la revista "Again with the Blues". Septiembre de 1999)





.

2 comentarios:

Lili dijo...

Querido Chuan-Che,
Jajajajajajaja!!!!!
Soltada la carcajada, mucho mejor. Las calles son crueles, sí... Y blogger hoy, con el puñetero error 503 (hay en serio 502 errores más esperando atraparme?), y el boli bic de cuatro colores (sólo se gasta el azul, por qué????) y miles de cosas que a partir de ahora no podré obviar... Aquí dejo el testimonio de que ellos serán los culpables en caso de que me suceda algo, ahora que ellos saben que yo sé...
Besos :-))))))))))

Chuan-Che dijo...

Estimada Lili:
Consta, pues, su testimonio de que ellos saben que usted sabe que ellos saben que yo también sabía que ellos sabían que yo sabía...

¡¡demonios, me perdí!!

En fin, que consta... hasta que los otros 502 errores se encarguen de sumergirnos en el olvido... ;)