miércoles, 22 de enero de 2020

A todos los que queréis vivir asustados...


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Morirte,  lo que es morirte, te morirás. 
Hagas lo que hagas. 
Vivir es la mayor causa de muerte conocida.


Salir a la calle es peligroso. Hablar con la gente es peligroso. Tomarte una cerveza es peligroso. Subirte a una bicicleta es muy peligroso. Comer carne da cáncer y comer verduras también por culpa de los pesticidas. 
Y si no les echan pesticidas, da igual, porque el plástico que lo inunda todo está penetrando con insidia maligna en tus células. Y si no es el plástico es el estroncio radiactivo de las pruebas nucleares de los años 50, 60, 70, 80 y 90. O quizá los rayos cósmicos que golpean tu ADN están desencadenando ya ese tumor que te matará. O el sol que tomabas untado de aceite al limón sin protección cuando eras pequeño. O el cigarrillo que se ha fumado un tipo que pasó hace un cuarto de hora por esa esquina por la que pasas ahora respirando los restos de su humo mientras practicas tu carrera diaria, ignorando que la muerte súbita te espera en la próxima cuesta o en el parachoques del coche de esa tipa que va mirando el whatsapp al volante. O es tu propio coche el que te mata lentamente cada vez que inhalas los vapores de gasolina o el olor de su escape mientras conduces hasta el gimnasio. O ¿será la radiación de tu móvil? ¿o la wifi de tu casa? ¿el microondas?


A lo mejor te ataca el perro peligroso y maltratado del malote de tu barrio. O es el propio malote el que decide quitarte la cartera y la vida ya de paso. Tal vez un descuido tonto en la bañera o en las escaleras de tu casa. ¿Podría ser en el ascensor?


El cáncer y la enfermedad no son terribles al lado del terrorista que está dispuesto a volar tu casa aunque no salgas a la calle. O al dron del gobierno de turno que porque sí, contra toda justicia y todo derecho, está listo para aniquilar tu pueblo.


Vive aterrorizado. Deja que te cuenten proyecciones de los ordenadores sobre cómo será el mundo dentro de 50 años.  Ni lo mires para averiguar cómo es, de hecho, hoy.

Sobre todo ten miedo. Mucho miedo. Pierde cada día aterrado ante las mil formas diferentes en las que puedes morir. 
Olvídate de lo que es vivir.

No hace falta que seas prudente. 
No hace falta que razones, que uses la cabeza, que no te dejes engañar, que tomes precauciones básicas para estar bien mientras sea posible.
No hace falta que investigues, ni que recurras a la ciencia para averiguar cuál es la verdad en lo que te cuentan. No.


Tienes que tener mucho miedo y votar al que más seguridad y mano dura te prometa.

Dale todo tu dinero al que te prometa la inmortalidad.

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